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[Ian Weatherburn]
Ian Weatherburn
(? – early 90's, Software desarrollado)

Ian Weatherburn fue un pionero de los juegos de Spectrum así como una destacada influencia en la materialización del Spectrum como un ordenador con un firme potencial para el entretenimiento. La primera creación de Weatherburn, The Alchemist (1983) fue uno de los primerísimos intentos en crear una videoaventura del tipo "recoger y usar"; mecánica de juego que sería refinada y perfeccionada a través de los años más exitosos del Spectrum por otros programadores - en forma de la serie sobre Dizzy, así como en muchos otros juegos de Spectrum.

La habilidad creativa de Weatherburn para introducirse en la imaginación de un niño tuvo su continuación en juegos como N.O.M.A.D. y The Neverending Story. Más allá de estos, su versatilidad queda reflejada en la programación de los juegos de golf Leaderboard para Spectrum, qué elevaron notablemente el listón para este género de videojuegos.

A pesar de ello, Ian Weatherburn sigue siendo una figura enigmática en la comunidad del Spectrum a causa de su naturaleza reclusiva y sus hábitos excéntricos. Una imagen que resultó magnificada cuando las noticias sobre la trágica muerte de Ian (presumiblemente, se suicidó) golpearon a la comunidad. Simon Butler, quien trabajó junto a Ian en muchos títulos, nos cuenta más sobre Ian:

Conocí a Ian allá en tiempos remotos en las oficinas de Imagine, y él ya me trataba entonces con más o menos el mismo desdén con que lo hizo hasta que finalizó nuestra relación de trabajo juntos.

Pero es que Ian era así.

Él era un chiquillo ensimismado con muy poca habilidad interpersonal, lo que le perjudicó en el ruedo social pero que fue una de sus fortalezas en el campo de los juegos.

Esta distancia que estaba siempre presente entre Ian y el resto de la raza humana sólo le llevó más cerca de la cosa en la que él era mejor: programar juegos. Sus juegos estaban extraordinariamente bien producidos, con un montón de horas-hombre invertidas en cada uno.

Era sarcástico hasta un punto que resultaba casi doloroso escuchar algunas de las cosas que decía. Su concepción del humor era casi siempre a costa de algún otro... pero nuevamente esto formaba parte de Ian Weatherburn y, o bien lo superabas, lo ignorabas o, si no podías, entonces te mantenías lejos.

Trabajábamos mucho, sólo nosotros dos en nuestros días como freelance, y dados sus intratables modales siempre decía exactamente lo que quería y no dejaba lugar para el error. Ojalá que otros programadores en los años venideros hubiesen sido tan directos o tan centrados.

Con él no había lugar para las delicadezas, era un hombre de pocas palabras y por tanto, cuando el trabajo comenzaba, no existía nada más allá del trabajo, y hacías eso hasta que hubieses acabado; entonces era momento para fichar, fin de la jornada y hasta mañana. Nada de darle a la lengua o relajarse; sólo paramos, adiós, te veo mañana.

Mientras otra gente más joven llegó a la industria y maduró y creció, Ian se fue quedando como una especie de Peter Pan en segundo plano.
Más tarde sus manos llegaron a coger las riendas de su propia compañía, pero él siempre fue una figura marginal, e incluso a pesar de que tenía todo el control, nunca se puso en el centro de la escena.

Su único verdadero fallo, que le condujo a su caída, fue confiar en personas a las que consideraba amigos.

A Ian lo llevaron por el mal camino y sus acuerdos financieros se fueron a pique. Era triste darse cuenta pero, siendo Ian como era, no acogería de buen grado que se le ofreciese consejo y se le dijese que había cometido un error. Su juicio era absoluto y nadie podía llevarle la contraria.

Nos separamos no precisamente como amigos.

Ian podría haber sido, me atrevo a conjeturar, un programador alucinantemente bueno, pero creo que sus habilidades comunicativas, o la falta de ellas, le habrían retenido.

Muy probablemente se habría ido a Estados Unidos en busca de su primer amor, el todopoderoso dolar.

Puedo verle ahora, solo pero sin preocupaciones en una casa con vistas a la playa, un cochazo en el garaje y la colección más chunga posible de cantantes femeninas de rock de los 80s en su colección de CDs.

Podría haber sido feliz. Pero nunca lo fue.

Agradecimientos: Jumping_Stack y Simon Butler por el artículo.

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